jueves, 29 de diciembre de 2016

Adiós 2016. ¡Hola 2017!

Esta entrada ya comienza a ser una tradición y es una de las que me gusta escribir, ya que de esa
manera hago balance del año y os adelanto lo que vendrá. Y si como yo queréis echar un vistazo a entradas antiguas, aquí están algunas con otros balances:




Es hora de repasar este año y me alegra ver que todo lo que prometí en 2015 se ha cumplido. En abril se puso fin a la bilogía Duelo de Espadas con su segunda parte, Danza de Espíritus.

Tras diez años, mis queridos Hijos del Dragón regresaban en Almas de la Oscuridad, tomo autoconclusiva que mostraba la vida de todos los personajes de la saga, además de un nuevo villano y nuevas uniones, pues los protagonistas de Crónicas de Sombras han luchado codo con codo junto a los Dra´hi, Nathair, Kirsten, Niara, Aileen y los demás.
  Esta novela se puso a la venta en octubre.



En general ha sido un año muy bueno para mis obras, que rara ha sido la semana que alguna de ellas no se ha colado en el TOP 100 de Amazon.

De nuevo la trilogía Maldición ha sido reeditada en volúmenes individuales. Hasta ahora podias conseguirla en físico en un solo tomo titulado Maldición, pero ahora Las criaturas de la noche, La amenaza de las sombras y En las garras del pasado se venden igualmente por separado.

También ha sido el año de las antologías. He seleccionado muchos de mis relatos y los he publicado entre antologías de diferentes temáticas. Guardian de Historias reúne historias de fantasía, El creador de Pesadillas de terror y La portadora de Leyendas historias romántica paranormal.


Y acabé el año con la escritura de una nueva novela realista. Es autoconclusiva de intriga con una historia romántica catalogada como New Adult. Si mis planes no fallan, la publicaré en febrero, pero por el momento su título y extensión, es un secreto.

¿Qué nos trae el 2017?

Pues la publicación en febrero –si no surge nada- de mi segunda novela realista. También con la entrada del nuevo año comenzaré a escribir otra novela. Vuelvo a la fantasía, será urbana y autoconclusiva. Y también quiero publicar otra antología y recuperar algunos de los muchos relatos que tengo.

Como siempre, os iré informando.

Os deseo una buena salida de año y un estupendo 2017. 


Susurros de Adviento II, cuarta parte

Sin más, os dejo el final:

4
Mañana de niebla


La mañana había llegado y se mostraba tranquila, silenciosa. Aria había sido fiel a su palabra y le había entregado a Kirsten varios botellines de cristal con una solución en color rojo que serviría para hacerle olvidar a Dion y Jay lo sucedido.
Los invitados ya se habían levantado; estaban preparando el desayuno, chocolate caliente y tortitas, aunque no todos estaban en la estancia. Los Dra´hi permanecían en el porche trasero, una zona acristalada con vistas a las hectáreas que les rodeaban. Ocupaban uno de los columpios; ambos cubiertos con mantas y mientras que Kun estaba despierto, no Xin, que descansaba sobre el hombro de su hermano.
Los primeros en acercarse fueron Nick y Jake, que tendieron una taza de chocolate a Kun con una nube encima de ella y lanzaron miradas divertidas a Xin.
—¡Míralo! —añadió Jake—. Está súper mono dormido y tan callado. Parece uno de esos idols tan conocidos.
—Sí, sí, de esos que hace que atrae a la multitud y vuelve loco a los chicos y chicas.
—¡Vale ya, capullos! —gruñó Xin—. Os estoy escuchando —protestó incorporándose a la vez que se frotaba los ojos—. No tiene gracia.
—Pues yo agradezco que ahora seas tú el centro de burlas y no yo —añadió Kirsten, tomando asiento en el regazo de Kun—. No puedo creer que la noche de Navidad haya dormido junto a Niara en lugar de con mi novio solo porque te pasaste con la bebida y he de decir que me alegro que estés de resaca.
—No lo estoy, listilla, solo me duele un poco la cabeza, pero no he pasado la noche en el baño.
—Lo cortamos antes de que fuera a más —añadió Kun, apoyando su cabeza en el hombro de Kirsten—. Nos debes a Kirsten y a mí una cena, además de una noche sin la vigilancia de Clay, como se lo pagues a Niara es cosa tuya, pero ya puedes ir pensando cómo me la vas a devolver.
Xin lanzó un amargo suspiro a la vez que asentía. Y después del desayuno llegaron las despedidas. El portal que llevaría a Hunter, Aidíth, Jay y Travis a Isleen ya estaba abierto. Tras palabras de agradecimientos, llegaron las despedidas, con la esperanza de volver a encontrarse en más ocasiones. Y cuando cruzaron el portal  —una esfera dorada— el salón volvió a la tranquilidad y el resto se dispuso a disfrutar del día.


Cuando Aidíth, Hunter, Travis y Jay abrieron los ojos comprobaron que estaban en casa, en las cercanías de la academia, aunque una pareja de alumnos —que al parecer se había escaqueado para liarse— se separaron nada más verlos y corrieron a la academia para avisar a los demás.
Travis llevaba consigo una de las botellas con la pócima de olvido. La bruja le había explicado su funcionamiento; la persona que lo bebiera olvidaría lo sucedido durante los últimos cuatro días y tras tomarla dormiría durante horas. Se sentiría como si hubiera contagiado la gripe, algo que Travis no comprendió y fue Nicholas quien le dijo que era lo equivalente a unas fiebres.
Y ya que estaban de vuelta no iba a demorarse más.
—¡Hunter! —gritó.
El cazador entendió lo que quería decir y sostuvo a Jay de tal manera que no podía moverse.
—No, Travis, no lo hagas, no quiero tomarla —gritó al deducir sus intenciones y verlo con la botella—. ¡No!
Hunter tiró de los cabellos del chico obligándole a echar la cabeza hacia atrás, momento en el que Travis le introdujo la pequeña botellita obligándole a beber su contenido para acabar cayendo inconsciente.
—¿Qué está pasando? —gritó Declan.
Más tarde, reunidos en el salón, y tras administrar a Dion la pócima de olvido, todos esperaban que el tiempo trascurriera y los hermanos despertasen. A pesar de que Travis no le había consultado a Declan la administración de la pócima a Jay, una vez Declan supo su función, lo aprobó y se la dieron a Dion.
Y tal como Aria les había hecho saber, una vez despertaron se sentían tan agotados como tras pasar unas fiebres. Permanecieron en la cama unos días, a base de cuidados y atención por parte de sus seres queridos, que aliviados comprobaron que lo habían olvidado todo.
Dion se comportaba como un niño de cuatro años normal, hiperactivo, feliz, deseando volver a encontrarse con sus amigos, mientras que Jay se había aprovechado de su enfermedad para recibir mimos extras de su chica.
Y con el pasar de los días, volvieron a la normalidad. Era una mañana más en  academia, aunque Travis, Aidíth y Hunter observaban la discusión en la que Jay se veía envuelto con su chica, Anna.
—¿Cómo pudiste volver a equivocarte de cabaña? Empiezo a pensar que lo haces aposta y así aprovechas para tocar a otra. ¡Te pareces a tu hermano Travis! —gruñó enfadado.
—Oh, vamos, eso no es verdad, fue solo un error…
—¿No vas a intervenir? —preguntó Aidíth a Travis.
—No. Voy a seguir tu consejo y dejar que aprenda de sus errores. Quien sabe, a lo mejor la chica tiene razón y ese mocoso es más espabilado de lo que parece y no hay nada de errores en sus escaqueos nocturnos.
—Si es así, tendrá que aprender mucho o acabará metido en muchos líos —dijo Hunter y dieron por terminado la conversación. Se dedicaron a sus tareas, felices por haber recuperado la normalidad.


Mientras, en la Tierra, el día de Navidad seguía su curso. La hora de la comida estaba cercana, para la que se esperaba la llegada de Clay, Soo, Nadine y Lizard, pero el ambiente era triste, húmedo, con una espesa niebla que parecía acompañarles por el resto del día.
A la espera de la llegada de los demás, el grupo estaba repartido en los diferentes columpios del porche traserp, con la vista en la espesa nube blanca que parecía avanzar hacia ellos con la amenaza de engullirlos. De repente uno de los cristales estalló, cayendo en pedazos frente a ellos y poniéndolos en alerta.
El primero en actuar fue Xin, que tras saltar del porche al terreno boscoso alzó sus manos con violencia, creando una gran ventisca que por unos segundos disipó la niebla. Y vieron que no estaban solos. Criaturas horribles, extrañas, de piel azulada, arrugada, que parecían haber regresado del mundo de los muertos, rondaban la zona. Algunas tenían apariencia humana, pero otras eran más grotescas. Había varias arañas con mitad cuerpo humano, ya fuera de hombre o mujer y una gran serpiente que también terminaban en una figuraba femenina, con una gran melena que en realidad eran serpientes.
Ninguno sabía que eran esas criaturas, pero su amenaza resultaba evidente y Kun no tardó en actuar. Se situó junto a su hermano mientras invocaba la barrera de protección; un hechizo que envolvería toda la casa, la  haría invisible a ojo de esas criaturas e impenetrables, pero necesitaba mucha concentración y los demás no tardaron en ayudarle.
Nathair y Xin formaron un buen equipo que crearon criaturas de aire en forma de dragón y serpiente que volaron hacia sus enemigos, quienes ya avanzaban hacia ellos. Aileen también actuó al invocar la naturaleza; raíces surgieron del suelo y aferraron a las criaturas que se acercaban a ellos. En cambio Niara se centró en hacer surgir guijarros de tierra, creando una muralla frente a ellos, mientras que Dilan, Nicholas, Jake y Krista permanecían a la retaguardia.
Kirsten corrió hacia Kun, tomó sus manos y destellos verdes, rojos y anaranjados surgieron de ellos para extenderse por toda la zona para crear una burbuja a su alrededor. Y fue entonces cuando cinco figuras aparecieron en la linde del bosque. Estaban tan lejos que no podían apreciar nada de ellos, pero se movían con mucha rapidez y acababan con las criaturas de un par de movimientos y excepcionales poderes. Y antes de que la barrera se terminase de formar, todas las criaturas habían desaparecido.
—Perdonad que os hayamos interrumpido —dijo uno de ellos, un chico por el tono de su voz, pero seguía demasiado lejos para distinguir nada de él—. Se nos han colado estos espíritus en vuestro mundo, lo sentimos mucho, pero nos hemos librado de ellos. Espero que tengáis un buen día.
Y tan rápido como el grupo apareció, se esfumó, dejando a los demás desconcertados.
Más tarde y durante la comida, le explicaron a Clay lo sucedido y el extraño grupo que se había librado con facilidad de las extrañas criaturas.
—No parecía tener nada que ver con nosotros, ni con la Tierra si se refirieron a este lugar como “nuestro mundo” —concluyó Clay—. Al parecer solo solucionaron su propia metedura de pata.
—Propongo seguir vuestras propias tradiciones y por un día, centrarnos en la comida y esas chorradas, en lugar de trabajo —interrumpió Lizard—. Sea lo que sea, si es algo que nos afecta, ya nos pondremos a ello en su momento.
Todos coincidieron con Lizard y siguieron su consejo. Pasaron un día divertido, de buena comida y compañía, quienes alargaron su visita hasta la finalización de las fiestas.

Y como dijo Lizard, si algo volvía a afectarle, ya lucharían contra ello, por el momento disfrutarían de los tiempos de paz.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Susurros de Adviento II, tercera parte

Ya está la tercera parte de Susurros de Adviento, el cual finaliza en la cuarta entrega. Espero que os guste la lectura:


3
Noche de luces

Había llegado el día y tal como prometió, Clay, junto a Soo, abandonaron la vivienda a primera hora. Nathair y Xin se habían marchado para ir en busca de Nicholas, Jake, Krista y Dilan, mientras que los demás permanecían en la casa.
Aileen y Niara estaban en el salón, frente a una pequeña mesa. En ella había una bandeja con algunos dulces y bombones, que las chicas probaron con disimulo para después reír.
En cambio Kun y Kirsten estaban en la planta superior, comprobando que las habitaciones estuvieran listas para recibir a sus invitados. Alarmados corrieron a la planta inferior al ver varios destellos azules. Cuál fue su sorpresa al detectar entre las luces que un dragón y una serpiente azules se dibujaban en el suelo: Nathair y Xin habían utilizado el medio del viaje para ir a Alaska y traer consigo a sus invitados, corroboraron al ver a Nicholas, Krista, Dilan y Jake con ellos cuando los haces desaparecieron.
—¡Xin! —protestó Kun—. ¿Cómo se te ocurre hacer algo así? Se supone que iríais a recogerlo al aeropuerto, que utilizaríamos medios normales para viajar, no mágicos.
—Pues yo te agradezco que me hayas librado de horas en un avión enlatado con más de cien personas —interrumpió Jake.
—Y nosotras —intervino Krista—. Viajar en Navidad es una completa pesadilla.
—¿Y tú no tienes nada que decir? —preguntó Kun mirando a Nathair.
—Sabes que siempre me dejo arrastrar por Xin y además, quién se iba a dar cuenta. Vale que debemos tener cuidado, pero un viajecito no es grave.
—Ha sido muy difícil mentir todo este tiempo —confesó Nick dando una palmada en el hombro a Kun—. Pero tranquilo, si Clay se pone furioso me sacrificaré por la causa para que todo el enfado no caiga sobre ti.
—El pobre Nathair ha sido quien lo ha llevado peor —confesó Dilan—. No le gusta nada guardar secretos y te ha estado evitando durante las últimas semanas porque temía que si lo mirabas a los ojos, pudieras descubrir que te ocultaba algo.
—Pero no te angusties por él —intervino Xin. Llevaba una bandeja con algunos chupitos en ella que comenzó a servir a sus invitados—. Yo me encargué de distraerlo.
—Y nosotras —confesó Aileen mientras se señalaba a ella y a Niara—. Tuvimos que lidiar con su remordimiento por tener un secreto.
—En la próxima ocasión no podemos meter al tirillas en esto —dijo Jake, rodeando a Nathair por los hombros—. Es demasiado santurrón para ocultarle algo a su hermano mayor.
—Y me hubiera gustado excluirlo —admitió Xin—. Pero para traeros a todos necesitaba ayuda y contigo no podía contar —confesó mirando a Kun—. Aunque estés cambiando y relajándote, tu incorregible forma de ser y de hacerlo todo a lo corrección aún te puede.
—Lo importante es que volvemos a estar todos juntos —interrumpió Kirsten—. El cómo no importa. Coincido con ellos, no creo que un viaje tenga consecuencias y si fuera así, ya lo solucionares.
—¡Más vale pedir perdón que permiso! —dijo Xin dando por terminada la conversación.
En ese instante un destello los cegó a todos al crearse un vórtice dorado. Una vez desapareció vieron a Hunter y Travis, con quienes ya coincidieron en las anteriores Navidades e iban acompañados de Aidíth y Jay, aunque en su mente y gracias al poder de La Creadora, no tardaron en conocer todos los detalles de ellos, la guerra en Isleen y el papel que habían jugado.
Tras darse la bienvenida y dejar que los invitados descansasen en sus habitaciones, no volvieron a reunirse hasta horas después, cuando había llegado la hora de comenzar a preparar la cena.
Otro año más a Travis le extrañaba las costumbres de aquel lugar. De nuevo la gran mayoría de los hombres volvían a ocupar la cocina, encargándose de la comida, mientras que las chicas estaban en el salón, encargándose de la mesa y otros quehaceres.
—Sigue siendo un misterio para mí —añadió mientras bebía de la copa de vino que se había servido—. Todos nosotros aquí, ni una sola mujer en la cocina…
—Ya te dijimos que los roles se han intercambiado —le recordó Kun—. Ya no hay actividades dedicadas a hombres o mujeres, todos pueden hacer de todo.
—No sé de qué te quejas —murmuró Hunter, que estaba pelando patatas—. Ni que no hubieras pasado tiempo en los fogones desde la apertura de la academia.
—¿Qué queréis que haga? —preguntó Jay al entrar en la cocina.
—Llévate esto —dijo Nicholas, dejando sobre sus brazos una bandeja.
—Quien diría que podríais estar en una habitación sin querer mataros —añadió Xin, que al igual que Travis llevaba una copa en la mano y se dirigía a Hunter y Travis—. En las anteriores Navidades, si las miradas matasen, os hubierais torturado mutuamente.
—Ya, culpa mía —confesó Travis—. ¡Me tiré a su prometida! Y también me líe con otra chica con la que yacía, creo que en realidad ella se llegó a acostar con los dos al mismo tiempo. Y ahora su mujer…
—Aidíth te la cortaría antes de permitirte a acercarte a ella —gruñó Hunter, enfadado—. Ni se te ocurra hablar de ella.
—Tranquilo, cazador, iba a hablar bien del cervatillo. Te es completamente fiel y sí, me torturaría antes de permitir ser tocada por mí o cualquier otro, no le es muy grato el contacto físico.
—¡Las mujeres siempre dan problemas! —concluyó Xin—. La novia de mi hermano también nos dio algún que otro quebradero de cabeza.
—Todo fue cosa tuya —replicó Kun—. Te empeñaste en buscar una traición cuando no era así y dudo que alguna vez te hubieras enamorado de Kirsten. Sois como el día y la noche.
—Creo que tienes razón y no estuve enamorado de ella. Sigo pensando que era por el fuego. No me dirás que no fue raro que tanto Nathair como yo nos quedásemos colgado de ella. Debía ser por su magia y nos entraba tal calentón que nos cegaba, ¿a vosotros nos ha pasado algo similar? —preguntó mirando a Nick y Jake—. Nunca hemos llegado a  corroborar esta teoría y si realmente la magia que Kirsten emana inconscientemente nos pone.
—Hmm…—susurró Nicholas en el momento en el que Krista y Dilan entraban en la cocina—. Veo que no has cambiado nada y que sigues tan inoportuno como siempre.
—Cómo vamos a responder a eso con nuestras novias delante —protestó Jake—. Y con tu hermano, ¿a quién le gustará saber si otro hombre se excita con su novia? Desde luego a mí no.
—¡Vale ya con el tema! —gruñó Kirsten enfadada—. Esa teoría es absurda. Ni tú ni Nathair os quedasteis colgados de mí, solo erais unos adolescentes hormonados que pensabais todo el tiempo con la entrepierna. Basta ya, Xin, deja el tema y la bebida, ya comienza a hacerte efecto y ni siquiera hemos llegado a la noche —ordenó enfadada y tras soltar un suspiro, se dirigió a Kun—. Nos hace falta leña, voy con Aidíth a la cabaña del bosque a por más.
—Voy con vosotras…
—No, deja que Jay vaya con ellas —intervino Travis—. Esa teoría del calor me parece interesante, quiero poner a prueba a mi hermano. La verdad es que no le vendría mal ver alguna de tus impresionantes llamaradas, puede que así se calmase un poco y se mantendría alejado de las mujeres un tiempo…
Al decir esto la copa que Travis tenía en su mano prendió y estalló en pedazos, ganándose una mirada de desprecio de la chica, que en compañía de Aidíth y Jay salieron de la vivienda.
—Olvidé comentar que tiene muy mal genio —admitió Xin, tendiéndole un trapo para que se secara las manos.
Travis gruñó mientras le lanzaba una mirada de desaprobación.


En el exterior, Kirsten, Aidíth y Jay caminaban por el bosque, por un sendero iluminado por luces de Navidad que daban luz a la noche. Las chicas hablaban sobre lo diferente que eran las vidas en sus diferentes mundos, hasta que Jay las interrumpió.
—Kirsten…—susurró apenado—. Cuando llegamos a tu casa esa luz me trasmitió todo lo que vosotros habéis vivido y vi a tu padre… Juraknar y todo lo que hizo y lo que sufriste también por él…yo… me preguntaba si lograste olvidarlo, ser feliz.
—Afortunadamente eso ya pasó y gracias a las personas que me rodean todo ha sido más fácil. Que Clay me adoptase fue muy importante para mí. El amor incondicional de Kun, el apoyo de Xin, a pesar de que hayáis visto que es idiota y tener amigos como Aileen, Nathair y Niara, todo ayudó. No te puedo mentir, siempre queda algo, pero con el tiempo se entierra cada vez más, hasta que ni te acuerdas —admitió y miró a Aidíth, con quien ya había hablado a solas sobre lo sucedido a Dion—. Sé lo que le ha pasado a tu hermano y conozco vuestra historia. Puede que os pueda ayudar… es solo una idea, pero Dion no debería tener en su mente un recuerdo tan atroz como ese, ¡deberíamos eliminarlo!
—¿Puedes hacer eso? —preguntó Jay emocionado—. ¿Cómo si nunca hubiera pasado? Eso sería estupendo. Estoy seguro de que Travis y Declan también lo aprobarán. Las pesadillas estaban dejando de perturbar a mi hermano, era como un niño más, ya casi había olvidado a nuestro padre… pero ahora todo ha vuelto.
—¡Voy a hacer una llamada! —añadió Kirsten y tras tomar su teléfono móvil, se apartó. Aunque Clay estaba desarrollando nuevas habilidades, entre ellas la de manipular la mente, aún era muy inexperto y por esa razón estaba llamando a Aria, una bruja a la que conocieron en su última lucha.
—Si lo hacen, Aidíth, si consiguen que Dion olvide, ¿cómo podremos darle las gracias? ¿Qué podré hacer para demostrarle lo agradecido que les estoy?
—Encontraremos una manera, pero estoy segura de que lo saben.
Ambos se interrumpieron cuando Kirsten se reunió con ellos.
—Buenas noticias. Aria, una excepcional bruja, está trabajando en ello. Mañana a primera hora tendréis lista la pócima para dársela a Dion y que olvide lo sucedido durante los cuatro últimos días.
Jay saltó emocionado y con lágrimas contenidas tomó las manos de Kirsten y se arrodilló frente a ella.
—Muchas, muchas gracias. ¿Dime qué tengo qué hacer para pagaros por ello?
—Nada, Jay —susurró agachándose frente a él—. No tienes que hacer nada. Es lo que hacemos en Navidad, dar regalos para arrancar sonrisas a otros y verte sonreír por primera vez en todo el día, es un gran regalo.
Jay asintió emocionado y tras recoger algo de leña junto a las chicas, regresaron a la vivienda. La hora de la cena estaba lista, todo estaba en orden, pero antes de cenar, Kun, Kirsten, Hunter, Aidíth y Travis se reunieron en el estudio, donde las chicas les pusieron al día y Kirsten dio detalles sobre la conversación mantenida con Aria y que a primera hora la bruja estaría allí con varios botellines con el contenido.
—Gracias —añadió Travis—. Que mi hermano pueda olvidar algo tan atroz es… no tengo palabras, de verdad, muchas gracias.
—Yo…—susurró Kirsten—. Quizás te parezca impertinente opinar por mi parte, pero creo que no solo a Dion deberías darle la pócima de olvido, sino también a Jay… he visto todo lo que ha sufrido estos años, lo que vuestro padre le hizo, las palizas que le dio y he sentido lo culpable que se sentía tras la muerte de Lloyd, ¿por qué no le ahorras sufrimiento? ¿Por qué no le borras el recuerdo de estos días, de ver a ese monstruo adquirir el aspecto de su hermano fallecido y atacar a Dion? Yo… también he vivido malos momentos —confesó con la cabeza baja, buscando la mano de Kun, hasta que la encontró y él la estrechó con fuerza—. Pero todos a una edad más mayor, no desde tan niña, y aunque hay experiencias que me gustaría eliminar de mi mente, me han ayudado a cambiar, crecer y convertirme en la persona que soy, pero de qué le servirá a Jay volver a sentirse tan impotente como antes de que tú y Declan entraríais en su vida.
—Sé que esta decisión la debes tomar junto a Declan —añadió Hunter—, pero coincido con Kirsten. Es muy triste volver a ver a Jay tan deprimido.
Travis asintió.
—Sí, lo haremos, pero no se lo diré a Jay. Se negará a que eliminamos sus recuerdos. Cuento contigo, cazador.
—Cuando quieras hacerlo, solo debes hacerme una señal.
Tras el encuentro volvieron al salón y cenaron. Contaron anécdotas, rieron y pasaron un gran momento, para más tarde ir esparciéndose. Nathair y Aileen fueron de los primeros en regresar a sus dormitorios, lo mismo que Jay, que agotado, pero feliz, sabía que esa noche sería capaz de conciliar el sueño. Nicholas y Dilan también se habían marchado a sus estancias.
Esparcidos por el salón estaban los demás. Hunter y Kun hablaban a solas mientras compartían anécdotas y el Dra´hi le mostraba al cazador su poder de control sobre el agua.
Jake y Krista permanecían abrazados frente al fuego, tapados con una manta, mientras disfrutaban de una copa de vino.
Apartados, sentado el uno frente al otro, con una botella y dos pequeño vasos, Travis y Xin jugaban al “Yo nunca…” y terminaban la frase con algo que nunca habían hecho y bebían si era así.
Niara, Aidíth y Kirsten permanecían en el salón, en el sofá, donde Aidíth les informaba sobre el mundo de Isleen, sus historias y leyendas.
—Es apasionante —confesó Niara—. Tenéis tantas historias, como la leyenda que ocultaban los fuegos fatuos, la verdad del norte, tu lucha por darle a la mujer la oportunidad de formar parte de los escuderos o lo que hizo Brianne porque en los cazadores también pudieran entrar mujeres.
—Aún estamos descubriendo mucho más y exploramos como era Isleen antes de que la magia fuera prohibida.
Mientras Niara y Aidíth hablaban, Kirsten las dejó a solas y se dirigió hacia Kun. Le hizo un gesto en dirección a Xin  y el Dra´hi se excusó con Hunter. Se dirigió hacia su hermano y posó una mano sobre su hombro.
—Va siendo hora de sustituir los chupitos por el café, Xin.
—¡Hermanos! —exclamó Xin, dando el último trago—. Son un coñazo, pero que te voy a contar que no sepas.
Travis sonrió y se despidió de los Dra´hi, que se marcharon a la cocina. Él no tardó mucho en retirarse; fue a la habitación que compartía con Jay y le agradó ver que su hermano dormía plácidamente.
Aidíth y Hunter habían seguido los mismos pasos que Travis al retirarse a sus estancias, mientras que Niara y Kirsten esperaban en la cocina, junto a los Dra´hi. Kun estaba junto a la cafetera y Xin sentado frente a la encimera, con la cabeza oculta en sus brazos.
—Id a dormir, yo me ocuparé toda la noche de él.
—Hmm… no había pensado que pasaría la noche junto a Niara, pero bueno, ya la haremos pagar a este por ello —gruñó Kirsten mirando a Xin.
Kun la rodeó por la cintura, la atrajo hacia él y la besó.
—Ya se lo haremos pagar.
Tras despedirse, las chicas fueron a la habitación de Kirsten. Una vez se pusieron los pijamas, se metieron en la cama, donde Niara siguió hablando sobre la impresión que le había causado Aidíth.
—Me ha gustado mucho conocer su historia, ver cuánto había luchado y su afán por hacer realidad su sueño. Nunca me ha gustado ser una Dama de Flor de Loto, pero me resigné y me comporté como tal, incluso mucho después de que la guerra con Juraknar terminase, pero si algo bueno trajo la lucha contra Shia es que me hizo romper con mi pasado, con mi antigua yo.
—Lo sé, Nadine está muy contenta con tus entrenamientos y sé que tú también.
Niara sonrió, se giró y quedó frente a Kirsten.
—A pesar de mi magia siempre ha habido una parte de mí que se sentía vulnerable, al fin y al cabo nuestro poder depende de nuestra concentración, condición física y ejerce mucha presión. Pero ahora soy diferente.
—Además de manejar el elemento de la tierra, eres una guerrera.
—¡Sí! —exclamó Niara—. Y es agradable conocer a otras guerreras de otros lugares, de conocer sus vidas, mucho más difíciles que lo fueron la mía y como se levantaban una y otra vez a pesar de sus caídas.
Kirsten coincidió con Niara. Era realmente admirable y coincidía con sus amigos y estos encuentros eran muy agradables, pues aprendían mucho los unos de los otros.


En otra habitación, Hunter y Aidíth se brindaban con besos y caricias en una acogedora habitación, pero Hunter se dio cuenta de que su mujer no estaba del todo entregada. Estaban abrazados, el uno frente al otro, sin nada de ropa que pudiera impedir que sus cuerpos se acariciasen, se amasen, pero Hunter se inclinó y Aidíth acabó tumbada con él encima.
—¿Estás bien?
—Hay algo que no te he contado —confesó Aidíth.
Hunter sabía muy bien lo que la perturbaba, el encuentro que tuvo con la bestia con aspecto de su hermano antes de su partida.
—Travis me lo contó y también sus palabras, todo cuanto te dijo y no quiero que te afecte. Acabaremos con esas cosas y no dejaremos que jueguen con nuestras mentes de esa manera.
Aidíth asintió y se deleitó en las caricias de su marido, en sus besos, que fueron descendió hasta su vientre.
—Y si…y si tiene razón y solo podemos ser nosotros dos.
Hunter no se sintió perturbar por sus palabras. La brindó de besos y caricias, ascendiendo poco a poco; por su vientre, sus pechos y garganta hasta atrapar de nuevo sus labios.
—Te quiero Aidíth y si solo podemos ser nosotros dos, no me importa. Soy feliz a tu lado, con o sin hijos, solo contigo.
La escudera respiró aliviada y se entregó a su amante.

martes, 27 de diciembre de 2016

Relato Susurros de Adviento II, segunda parte

Os dejo la segunda parte del relato. Espero que disfruteis la lectura:



2
Viaje a otras tierras

Tierras de Yerazig. Isleen.

El mal humor de Travis era evidente a ojos de todos, mucho más para Aidíth y Hunter, que pendientes de él, permanecían alejados, observando como impartía clases de lucha a unos adolescentes.
El día había amanecido como uno más en la academia. Brianne se dedicaba a las clases de arco, a Declan le había tocado el entrenamiento de los Sangre Espectral, tarea que se repartía con su hermano, mientras que Hunter se encargaba de los cazadores y Aidíth de los escuderos. Aun así, los entrenamientos de la pareja no eran muy lejanos de los de Travis y tras dar un descanso a sus alumnos, el matrimonio se acercó.
—¿Sabes qué es lo que le pasa? —se interesó Aidíth.
Hunter lanzó un largo vistazo a su mujer. Estaba realmente bella con la ropa típica de entrenamiento de los escuderos: pantalones azul oscuro y camisa del mismo color, donde destacaba la cabeza de un lobo en blanco.
Su cabello, anaranjado con destellos dorado y corto que descansaba por encima de los hombros, resaltaba mucho más con aquellos ropajes, dando más luminosidad a su bello y armonioso rostro, dominados por unos grandes ojos color avellana.
La vestimenta de Hunter no era muy diferente; pantalones y camisa del mismo color, al fin y al cabo escuderos y cazadores trabajaban codo con codo, pero los uniformes de los cazadores se diferenciaba en la cabeza de lobo del pecho, pues era en color gris con los ojos en azul claro.
—Esta madrugada nos despertó un escándalo en el campamento de las chicas —comenzó Hunter a hablar. Hacía tiempo que tanto él como Travis, Declan, Aedan y Jens se turnaban para que los chicos y chicas por las noches no se desmadrasen—. Jay se había colado en el campamento.
—¿En serio? —preguntó Aidíth—. ¿Un mocoso burló vuestra guardia? ¿Me lo estás diciendo en serio?
—Ya, ya, no me eches la bronca, ya he escuchado a Declan esta mañana y recuerdo que parte es culpa tuya, por ir a buscarme.
Aidíth sonrío ganándose un gesto de cariño de Hunter, que alborotó su cabello mientras rememoraba la noche que habían pasado juntos.
—Vale, tienes una excusa, estabas conmigo, pero qué me dices de Travis, ¿qué hacía?
—Al parecer se pasó con el vino y se quedó dormido. En fin, la culpa ha sido de los dos. Yo no debería haberme escabullido, y él no debería haber bebido, pero cada vez que nos toca a hacer los turnos, créeme, se nos hacen eternos.
Aidíth no dijo nada; era conocedora de la difícil relación que había entre ellos y aunque había mejorado con los años, nunca podrían ser buenos amigos.
—El caso es que Jay se había metido en la cabaña equivocada y en consecuencia en la cama equivocada y te imaginas el resto. No fue su chica a la que tocó y se armó un gran jaleo, las dos se enzarzaron, Jay no acabó muy bien y de ahí el cabreo de Travis. Si fuera cualquier alumno le daría igual, pero no su hermano. Ya sabes lo súper protector que se ha vuelto con él.
—Entiendo que esté enfadado, pero los alumnos no deben pagarlo. Voy a encargarme de los chicos, sigue con mi clase.
Hunter asintió, pero antes de dejarla marchar la rodeó por la cintura, la atrajo hacia él, tomó su mentón entre sus dedos y la besó. Al separarse se ganó una sonrisa de Aidíth, que durante unos segundos lo rodeó por los hombros y enredó sus dedos en algunos de sus cabellos rubios. Caía en hondas, de manera informal, a la altura de su nuca, partido en dos cayendo a ambos lados de la frente, quedándola despejada, perfilando su rostro donde destacaban sus claros ojos azules.
Finalmente se separaron y Aidíth se encargó de Travis; al parecer no se tomó nada mal el dejar la clase a cargo de la joven y se marchó en dirección a la ciudad.
El resto del día trascurrió con normalidad, sin incidente alguno, e incluso la cena en el comedor fue normal. Para entonces Aidíth observó que Jay ya había hecho las paces con su chica y a los dos se les veía muy acaramelados.
Esa noche era el turno de Jens y Aedan en hacer la guardia, por lo que en el comedor permanecieron Declan, Hunter, Brianne y Aidíth, que ayudaban a los encargados de la cocina a recoger los utensilios, cuando un guardia de Sadira irrumpió en las estancias. Traía un mensaje de Leah, donde explicaba haber recibido un manuscrito mágico que adjuntaba con la nota.
Tras leer las indicaciones de la reina, todos tocaron el emblema en forma de gato que adjuntaba el mensaje de La Creadora y lo vivido en una tradición llamada Navidad de otro lugar volvieron a sus recuerdos. Revivieron el encuentro con otros guerreros como ellos y el buen trato que recibieron.
—¿Iremos? —preguntó Brianne mirando a su hermano.
—Bueno, nos  dieron cobijo, alimento y pudimos descansar. Veo buena idea regresar y dar las gracias.
—No podemos ausentarnos todos —murmuró Declan—. Pero coincido con Hunter, deberíamos ir y dar las gracias. Leah y Ryder nos dicen que no pueden ir, dejan la decisión en nosotros.
—No quiero estar mucho tiempo alejada de Dion —añadió Brianne—. Está mucho mejor, hay noches en las que no tiene pesadillas y llevarlo a un lugar tan extraño no me parece buena idea. Es mejor que me quede con él.
—Es cierto —murmuró Declan—. Está mejorando, id vosotros y podíais llevaros a Travis, quizás le venga bien.
A Hunter y a Aidíth les pareció bien. Se fueron a sus respectivos dormitorios y con la luz del amanecer llegó un día más. Al día siguiente deberían partir al encuentro con los otros guerreros en el lugar llamado la Tierra, pero por el momento seguían con su vida normal. Las clases siguieron su curso, salvo por la ausencia de Travis; algo que molestó a Declan y expresó su mal humor. Fue Aidíth quien decidió ir a buscarlo; en circunstancias como esas siempre eran Brianne o la escudera las que lograban lidiar con Hunter, Declan y Travis para que no acabasen enzarzados.
A Aidíth no le costó encontrarlo en el burdel de la ciudad más cercana. La madame del lugar ya la conocía, al fin y al cabo no era la primera ocasión que iba. Tras indicarle donde estaba Travis, entró en la habitación. Encontró al apuesto hombre desnudo, cubierto con una sábana hasta la cintura; sus largos cabellos castaños, llenos de ondas, donde destacaba una trenza, descansaban sobre sus hombros y parte de su pecho. Su rostro mostraba serenidad y dormía junto a dos espectaculares mujeres, una de largos cabellos oscuros y otra con una corta melena casi albina.
Aidíth se dirigió a la silla y tras tomar las prendas de Travis se la lanzó, logrando despertarlo.
—Levanta, tenemos que tomar una decisión sobre un asunto.
—De eso nada, cervatillo, vete por dónde has venido. He pagado la estancia por dos noches más y créeme, pienso aprovecharla.
—¡Largaos! —ordenó a las mujeres. Estas obedecieron, no sin antes brindar con besos y palabras aduladoras al hombre—. No pienso moverme de aquí, Travis, y no va a entrar nadie más. Créeme, puedo quedarme en este lugar toda tu estancia y hacer de ella un infierno.
—Tus amenazas no me asustan —expresó saliendo de la cama, permaneciendo desnudo frente a ella—. Yo también puedo jugar.
—Ya y se supone que verte desnudo debe impresionarme —añadió descarada, lanzándole un vistazo de arriba abajo—, porque no lo haces. No me impresiona nada y veo que me decepcionas mientras más tiempo pasas frente a mí.
—¡Zorra! —murmuró entre dientes mientras se vestía. Finalmente se rindió y salieron juntos del dormitorio—. No sé cómo tu marido no siente hervir la sangre al pensar en nosotros dos solos, al fin y al cabo ya seduje a una de sus mujeres —susurró deslizando sus dedos por la nuca de Aidíth, pero ella se movió rápidamente, acorralándolo contra la pared. Colocó su antebrazo izquierdo bajo su garganta, mientras que la mano derecha la cerró con fuerza en la entrepierna—. Joder, Aidíth, para.
—Pues déjalo ya o vas a perder algo que precias.
Travis asintió con los ojos entrecerrados y lanzó un suspiro al dejar de sentir la presión. Una vez salieron del burdel se marcharon de la ciudad para adentrarse en un espeso bosque, sin abandonar en ningún momento el sendero.
—Sé cómo te sientes y entiendo tu enfado, pero deberías recordar que ya no estás en el bosque, Travis, que tu padre está muerto y las cosas ahora son diferentes —comenzó Aidíth con la esperanza de animarlo—. Conozco tu historia. Siempre te has sentido por debajo de Declan; te sentiste humillado cuando él te derrotó, cuando te arrebató por lo que tanto tiempo llevabas luchando, pero eso es el pasado. Sé que estás enfadado con Jay, que sientes que todo lo mal que haga él repercutiría en ti, pero ninguno pensamos eso. Estamos orgullosos de tu trabajo y de la manera en la que te comportas con Jay. ¡Eres un hermano mayor admirable!
—Déjalo cervatillo, no estoy de humor.
—Me da igual tu humor, me vas a escuchar. Relájate, ¿vale? No estás a prueba, nadie se fija en tus movimientos, nadie te juzga. Solo tú y lo haces severamente. Deja que Jay cometa sus propios errores, como los hicimos todos y no te hagas responsable de sus travesuras. ¡Deja que sea feliz! Y tú también, relájate. Eso no significa que tanto tú, como mi marido os llevéis una regañina por no hacer las vigilancias correctamente, pero nada más. Eres un buen hermano, buen hechicero, Sangre Espectral y profesor, aunque sigues comportándote como un idiota.
Travis sonrío y rodeó cariñosamente a Aidíth por los hombros durante unos segundos, para soltarla al cabo de unos segundos. Siguieron por el sendero, pero se detuvieron al ver un destello oscuro entre dos árboles y ambos desenfundaron sus armas. Aidíth la alabarda que llevaba a su espalda y Travis dos espadas gemelas.
A pesar de que la guerra había terminado, en ocasiones sufrían ataques de las bestias que viajaban a su tierra en busca de presa humanas y lo hacían gracias a la oscuridad, a la creación de vórtices.
La pareja caminó hacia donde habían visto el destello y no vieron una bestia, sino una persona que hizo temblar a Aidíth…era su hermano Eyphah, fallecido tiempo atrás.
—¡Lo disfrutaste! Lo sé, todas lo hacéis —dijo caminando hacia ellos. Volver a verlo había quedado sin palabras a la joven, completamente paralizada, que horrorizada sentía como todo su cuerpo temblaba—. Y he venido a castigarte. Te deshiciste del fruto que mi amigo engendró en ti, pero la naturaleza te ha castigado, hermana, y estás seca como la tierra más yerma del desierto —gruñó. Según iba hablando su voz se volvía más lúgubre, casi ni se le entendían sus palabras e iba deformándose. Su cuerpo se hinchaba cada vez más; la piel se partía como si fuera papel, dejando mostrar bajo esta un pelaje negruzco—. He venido desde muy lejos para acabar contigo, cerrar mis manos sobre tu garganta y verte soltar el último aliento.
Entonces hubo una explosión que lanzó a la pareja al suelo. De Eyphah ya no quedaba ni rastro y en su lugar se hallaba una bestia de pelaje negro. Travis corrió hacia ella con espadas en mano; dio un tajo a la altura de la yugular, que aunque perforó su piel no fuera necesario, momento en el que Travis se puso de rodillas al tiempo que tiraba sus armas. Sus manos concentraban esferas de energía que lanzó al estómago. Solo unos segundos la bestia cayó al suelo.
—Olvídalo, Aidíth, estas cosas se vuelven muy inteligentes y juegan con nuestros recuerdos. Era un espejismo, ¡lo has visto! —la consoló al posar sus manos sobre sus hombros—. Eyphah está muerto, el cazador lo hirió de muerte y yo hice sus últimos segundos de vida una tortura.
La joven asintió y tras respirar e inspirar en un par de ocasiones, logró calmarse. Entonces escucharon pasos y vieron que Jay corría hacia ellos.
—¡Es Dion! —exclamó asustado.


Dion, el hermano pequeño de Travis, Declan y Jay, jugaba en la zona boscosa, esperando que llegase la hora de la comida. Estaba en compañía de tres niños más de su misma edad, cuando una figura apartada llamó la atención del pequeño. Enseguida la reconoció; era Lloyd, su hermano mellizo, fallecido años atrás, pero estaba ahí, a apenas unos metros de él, con el aspecto que tenía cuando murió.
—¡Lloyd! —susurró el pequeño—. ¿Eres tú?
Los demás niños gritaron a Dion que retrocediera cuando vieron al pequeño brillar de un intenso azul; acabó deformado, con la piel arrugada y los ojos se le salieron de las cuencas. El pequeño se fue estirando cada vez más, como una cáscara a punto de romperse, hasta que lo hizo dando paso a un bestia de pelo negruzco, cabeza abultada y gran mandíbula. La bestia logró atrapar a Dion en el momento en el que Brianne, Declan, Hunter y Jay acudían debido a los gritos.
—¡Ve en busca de Aidíth y Travis! —ordenó Declan.
Jay asintió y echó a correr. En cambio los tres permanecieron alejados, mientras se preparaban. Hunter desenfundó su espada, mientras que Brianne cargó una flecha en su arco, que brilló intensamente, una luz que podía resultar mortal para Declan y Dion, pero también para la bestia que lo tenía preso. Mientras que Hunter desempuñó su espada.
La garra de la bestia hizo presión sobre la garganta del pequeño, provocándole una pequeña herida que comenzó a sangrar, arrancándole un estremecedor llanto al pequeño.
—Tranquilo, Dion —susurró Brianne—. Vamos a acabar con él. Solo cierra los ojos, todo acabará.
—Escucha a Bri, pequeño —le animó Hunter—. Enseguida estarás en sus brazos.
Pero Declan no pudo articular palabra al ver como un portal se abría a pocos centímetros de la bestia. Si se llevaba a su hermano, podrían perderlo para siempre, pero entonces llegaron Travis y Aidíth e hizo saber su plan.
—Lanza la flecha que yo me encargo de Dion —dijo mirando fijamente a Brianne, para después dirigirse a Aidíth—. Confió en tus artes curativas.
La escudera asintió y Brianne lanzó la flecha. Se estrelló a poca distancia de la bestia; provocó un enorme destello que le hizo soltar a Dion, momento en el que Declan lo tomó y se lanzó al suelo con él, quedándolo protegido bajo su cuerpo. La ola expansiva de la flecha se extendió por la zona y Travis tuvo que alejar a Jay para ponerlo a salvo, que estaba demasiado preocupado por su hermano pequeño, como para pensar en su bienestar.
Las quemaduras ya comenzaban a actuar; la bestia parecía una bola de fuego, a la que Hunter puso fin a  su vida al decapitarlo, mientras que Aidíth colocó sus manos sobre Declan para sanar sus quemaduras, uno de los últimos dones que la joven había descubierto durante su entrenamiento.
Solo unos segundos y Declan dejó de sentir dolor.
Mucho más tarde, tras dejar a Dion descansar una vez se calmó, todos permanecían en silencio en el comedor. Todos bebían, excepto Hunter, quien se había alejado de las bebidas alcohólicas tiempo atrás.
Los ataque como el vivido no eran casuales, sucedían a menudo, pero esas bestias estaban mutando, volviéndose fuerte y desarrollando nuevas habilidades y técnicas para engañarlos. Pero lo que todos más se lamentaban es que Dion hubiera sufrido en esta ocasión y que esa cosa hubiera utilizado el recuerdo de su hermano fallecido era demoledor.
—¡Cazador! —exclamó Travis, llamando la atención de Hunter. El joven estaba con Aidíth frente al fuego, ambos acurrucados en amplio sillón—. Ven un momento.
Hunter lanzó un amargo suspiro, pero accedió. Se reunió con Travis a poca distancia, donde le revelaba el ataque sucedido en el bosque. Entristecido miró a Aidíth lamentándose que hubiera vuelto a sufrir, pero como ya hiciera tiempo atrás, se prometió curar sus heridas. Y tras un agotador día, se fueron a descansar.
A la mañana siguiente, todos excepto Brianne, que permanecía junto a Dion. Se despedían de Hunter y Aidíth. El portal se había abierto en la nada, una puerta circular azul.
—Deberías ir —dijo Declan. Estaba junto a Travis, que confundido le miró—. Y llévate a Jay. Aléjalo de aquí por unos días. Si a nosotros nos ha afectado lo sucedido a Dion, imagínate cómo se siente él. Se lamenta por lo sucedido, ha pasado toda la noche pegado a él. Habíamos conseguido que se relajara y no estuviera todo el día pendiente de la seguridad de Dion y pasa esto, créeme, le hace falta irse de aquí.
Travis asintió y más tarde él y Jay se unían a Hunter y Aidíth en su viaje a pasar la festividad de la Navidad en un lugar llamado Tierra.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Maldición III. En las garras del pasado ya a la venta

Hace un mes aproximadamente que volví a editar la trilogía de Maldición de manera individual, ya que en la actualidad la edición física solo se podía conseguir la que reunía los tres volúmenes en ESTE ENLACE, pero debido a que hay lectores que siguen prefiriendo los volúmenes individuales para terminar su colección, los he vuelto a editar de nuevo. Ahora tenéis a vuestra disposición la trilogía al completo en un solo volumen o los tres de manera individual.
Las criaturas de la noche y La amenaza de las sombras ya están a la venta. Como so dejo a continuación la segunda parte muestra un cambio de portada más acorde con las anteriores. Y por último está En las garras del pasado que ya está a la venta. La versión en ebook podéis comprarla AQUÍ por 1,44€ y en formato libro por 10,94€ AQUÍ.








Las ilustraciones de portada las ha realizado Laura Garijo y las maquetaciones mi primo César Morán Lavado, que está comenzando a realizar maquetaciones. Muy pronto estará disponible su página web, pero si queréis contactar con él podéis hacerlo en el siguiente correo: zmoranlavado@hotmail.com


sábado, 24 de diciembre de 2016

Relato Susurros de Adviento II, primera parte

Como otro año más, os traigo un relato Navideño protagonizado por algunos protagonistas de mis novelas. La primera parte se titulaba Susurros de Adviento, que podéis leer AQUÍ. En él podíais leer como pasaban las Navidades los personajes de Hijos del Dragón, Crónicas de Sombras, Duelo de Espadas y Maldición.
Este año os traigo más encuentros, Susurros de Adviento II. Hoy publicaré la primera parte, no me ha dado tiempo terminarlo, pero publicaré las otras partes durante estas festividades.

Y os dejo, Susurros de Adviento II.



Susurros de Adviento II
Lucía González Lavado
(Contiene spoiler de Almas de la Oscuridad, Crónicas de Sombras y Danza de Espíritus)

1
Recuerdos

22 de diciembre. Época actual. Dark Lake, en estado de Maine (EEUU)

Otras Navidades se acercaban y era un periodo de paz tras todas las desgracias que había traído Rhys a la Tierra. La humanidad había recobrado la normalidad y apartados del bullicio, en apartadas hectáreas del pequeño pueblo Dark Lake, Clay se había trasladado con los demás a vivir una nueva vida, intentando dejar atrás todo lo que vivieron en El Valle.
La guerra que Shia había llevado a la Tierra había traído consigo conflictos con otras criaturas paranormales y había un control excesivo de toda persona con dones mágicos, de lo que Clay se encargaba en eternas reuniones mientras permitía a los demás llevar una vida normal.
Con la llegada de las festividades Niara, Nathair y Aileen se habían trasladado a la vivienda familiar, dispuestos a pasar unos días en la Tierra y pasarlo bien al disfrutar de otras culturas. Mientras ellos se encargaban de los adornos de la vivienda, Clay, esperaba la llegada de Kun, Xin y Kirsten, que aún no habían regresado de clases.


Kirsten y Xin aguardaban en las afueras del instituto. Las clases habían llegado a su fin y esperaban a Kun para que los recogiera en el coche. Hacía dos días que un temporal sacudía parte del país, trayendo consigo nevadas, por lo que Kirsten no dejaba de moverse de un lado para otro con tal de entrar en calor.
El ingreso en el nuevo instituto traía nuevas normas y era uniforme escolar. El de Kirsten estaba compuesto por una falda plisada azul marino, chaqueta del mismo color, camisa blanca y corbata de listas azules y crema. Su cabello, castaño claro, lleno de destellos dorados, seguía cayendo en ondas por encima de los hombros. Sus ojos, de un claro avellana, mostraban pinceladas rojas, muestra del poder de las llamas que corría por sus venas. Con tal de soportar el frio llevaba puesto un abrigo, guantes y orejeras, pero eso no impedía tener las piernas heladas.
—¿Por qué tenemos que venir a un centro con uniforme? —protestó sin dejar de caminar—. ¿A quién le parece una buena idea llevar falda cuando estamos a varios grados bajo cero?
—Yo también detesto el uniforme —se quejó Xin. Su vestimenta era idéntica a la de Kirsten, salvo por la parte inferior, puesto que él llevaba pantalones. Aunque el nuevo centro traía nuevas normas, había podido mantener su cabello de la misma manera, adornado con mechas doradas, de manera despuntada e informal. Y aunque la guerra contra Shia había sido dura, su mirada n se había apagado ni un ápice, mostrando un azul vibrante y chispeante, como siempre—. Esta ropa es súper incómoda. Menudo coñazo que todos los institutos de la zona obliguen a llevar uniforme.
—¡Al menos tú no te congelas, solo estás incómodo!
Xin sonrío. Kirsten no soportaba muy bien el frío debido a su naturaleza; a pesar de que el fuego formase parte de ella, en los climas donde predominaba el frío, lo sentía mucho más y se volvía vulnerable, todo lo contrario que le pasaba a él, mucho menos a Kun, que se sentía mucho mejor.
—Ahí viene nuestro taxi —alego el Dra´hi al ver el todo terreno gris que Kun conducía.
En cuanto paró, Kirsten se lanzó al interior de la parte trasera mientras que Xin tomó asiento junto a Kun.
—¿Qué tal el día? —se interesó el Dra´hi echando un vistazo a Kirsten por el espejo retrovisor.
—Eres tan afortunado de no estar obligado a llevar uniforme, ¿cómo pueden obligarme a llevar falda con este clima? Voy a congelarme.
—Seguro que ahora en cuanto os deje a solas entrareis en calor —añadió Xin en tono jocoso, ganándose una mirada de Kun. Al seguir con sus clases en la facultad tenía completa libertad en su vestimenta y llevaba ropa informal: vaqueros y sudadera y al igual que Xin, su cabello mostraba pintorescos colores en ligeras mechas, en su caso, rojas—. El día ha ido bien, no me he metido en líos y afortunadamente ya estamos de vacaciones y no tendremos que volver a ver a esos capullos hasta dentro de unos días.
Kun asintió y emprendió la marcha. Desde que meses atrás librasen de Shia a la Tierra y su identidad quedase descubierta, otras personas con capacidades especiales habían estado muy pendientes de ellos. Lamentablemente también encontraron otros chicos y chicas especiales en el instituto, algunos con los que Xin no había tardado en meterse en líos. Pero al menos a Kun le agradaba que hoy hubiera sido un día sin incidentes y siguió con la conducción. Abandonaron la pequeña ciudad para conducir durante media hora por carreteras secundarias hasta llegar al camino privado que pertenecía a su nuevo hogar. Una preciosa y amplia casa, moderna, de forma cuadrada, unida por modernos cubículos, casi oculta entre árboles. Un lugar que Clay había buscado con esmero para que todos pudieran llevar una vida lo más tranquila posible, alejada de los bullicios o vecinos, y se pudieran mostrar como ellos eran en realidad. Así si por algún casual tenían algún descuido mágico, estarían protegidos, pues varias hectáreas de alrededor pertenecían a Clay.
Cuando ya divisaban la vivienda una luz hizo que Kun frenase repentinamente y los tres vieron como tras la apertura de un pequeño vórtice, este dejaba caer un pergamino. Cautelosos bajaron del vehículo y fue Kun quien tomó el objeto. Al hacerlo decenas de recuerdos sacudieron las mentes de Kun, Xin y Kirsten, experiencias vividas en otras navidades y que ahora recordaban. En ella se veían pasando la festividad junto a Nicholas, Jake, Dilan, Krista y muchos más. Era curioso, pues con el recuerdo ahora recuperado descubrían que ya conocían a los que habían sido sus nuevos compañeros de lucha de mucho antes. Entonces abrieron el pergamino y leyeron su mensaje:

Otro año os blindo con la oportunidad de encuentros con otros compañeros de aventuras, además de devolveros recuerdos que en su momento os borré. Disfrutad de estos días, compartir experiencias y aprender los unos de los otros. Nunca se sabe que os pueden mostrar los demás, ni que peligros os esperan.
Un portal se abrirá el veinticuatro permitiendo la entrada de aquellos que os deseen visitar, para ser devueltos a su hogar el veinticinco.
¡Feliz encuentro!

La Creadora

Ahí estaba de nuevo, otro mensaje de la extraña Creadora, donde bajo su firma figuraba el emblema de un gato de cristal en tono rosa.
Tras lanzarse miradas llenas de incógnitas condujeron derecho a la casa y tras aparcar frente a la vivienda, la primera en bajar fue Kirsten, que aprisa entró en la vivienda por la puerta de la cocina: un espacio amplio, con una gran isla en el medio y muchos taburetes donde permitían a todos reunirse y comer.
En ella encontraron a Clay, pendiente en unos documentos. Nada había cambiado en él en los últimos meses. Seguía vistiendo de manera casual con vaqueros y sudadera.  Informales hondas destacaban en su cabellera castaña, aunque había un cambio en él, y eran las gafas que solía usar cuando pasaba mucho tiempo frente al ordenador o leyendo, las cuales llevaba en ese momento.
—¿Qué tal el día? —preguntó nada más verla.
—¡Estoy helada, ahora vuelvo! —exclamó Kirsten mientras salía de la cocina y se encaminaba hacia el salón para dirigirse a su habitación. Por el trayecto se encontró con Lizard, que divertido se dirigió a ella.
—Nena, ¿qué modales son esos que te escabulles nada más llegar a casa?
—Lo sabes, vengo helada, no me vaciles que enseguida vuelvo.
Lizard entró en la cocina en el momento en el que lo hacían los Dra´hi. Tras lanzar la chaqueta sobre una silla, quitarse la corbata y desabrocharse algunos botones, Xin se dirigió al frigorífico de donde tomó un refresco. En cambio Kun tomó asiento junto a Clay y le tendió la carta. Al hacerlo el hombre vio el encuentro que ya tuvieron en su momento con Nicholas y los demás, el grupo de música liderado por Tyrel, o cazadores y guerreros provenientes de otros mundos al que pertenecían Declan, Hunter, Brianne, Leah y muchos más.
Tras dar la nota a Lizard para que él pudiera ser conocedor también del mensaje, Clay se dirigió a los Dra´hi.
—Imagino que si vosotros habéis recibido esto, también lo habrán hecho los demás —murmuró Clay pensando en Nicholas.
—Tenía intención de llamar a Nicholas ahora —añadió Kun.
—¿Qué pretendéis hacer? —se interesó Clay, conociendo a los hermanos y que ya habrían hecho planes al respecto—. Recordad que tenemos a muchas personas con la vista fija en nosotros por nuestros poderes.
—Pues nada en especial. Somos jóvenes —añadió Xin—, no como tú, cuarentón, que ya debes usar gafas porque no ves —prosiguió divertido, riendo a carcajadas, lo que provocó un ligero enfado de Clay.  Aún no había cumplido los cuarenta, solo tenía treinta y nueve, pero Xin disfrutaba restregando su edad y la posible crisis que debería vivir—. Lo pasaremos bien, todos, aquí, en casa, como hicimos en las anteriores Navidades.
—Deberías recordar tu fideicomiso cada vez que hables —le recordó Clay—, y que hasta los veintiuno no ves nada y aún puedo cambiar de idea y dárselo todo a Kirsten, a tu hermano o a Nathair, a cualquier menos a ti.
Xin chasqueó la lengua y en ese instante el móvil de Kun sonó. Vio que era Nicholas quien le llamaba y se marchó al salón para hablar cruzándose por el camino con Kirsten. Tomó asiento junto a Lizard, que había permanecido en silencio durante toda la conversación. La chica llevaba unos leggins oscuros, con una sudadera rosa y se la veía mucho más cómoda.
—Vamos, Clay, no seas aburrido —prosiguió Xin—. Deja que nos lo pasemos bien. Ha sido un año muy duro y no será lo mismo con tu mirada fija en nosotros. Una pequeña fiesta…, además, ninguno de los de esta sala somos terrestres, la Navidad no tiene sentido para nosotros y no hace falta que sigamos sus tradiciones con lo de todos juntos, bla, bla, bla.
—Pero la tradición de los regalos no te la saltas, ¿verdad? —preguntó y suspiró. Al fin y al cabo tenía razón y se merecían un descanso—. Está bien, Xin, desapareceré esa noche, pero al día siguiente me tienes aquí. No quiero descontroles ni que nada se salga de madre y cuidadito con el alcohol.
—Tranquilo —intervino Kun—. No voy a dejar que se pase, no me apetece pasarme la noche sujetándole la cabeza en la taza del retrete. Entonces qué, ¿nos das la noche libre? Coincido con Xin y nos merecemos un respiro y reconócelo, todos os habéis vuelto súper protectores tras lo sucedido con Shia. Cortad el cordón umbilical de una vez, ¿queréis?
—¿Tú qué dices, nena? —se interesó Lizard, mirando a Kirsten.
—Prefiero que ellos dos lidien con Clay, yo soy la última baza por si nos la niega todas. Este par cree que haciendo pucheros puedo conseguir lo que quiera —añadió divertida, viendo como Clay sonreía—. Pero cuéntame tu día, ¿cómo lo llevas? ¿Te manejas mejor con tus habilidades?
—Oh, sí, menuda pasada poder mover los objetos con la mente y esto es solo el principio. Te haré una demostración…
—¡De eso nada, Lizard! —gruñó Clay—. Nada de demostraciones, llevas horas entrenando y tienes que dejar que tu mente descanse.
—Pero no puedo decepcionar a mi nena preferida, estoy deseando que vea lo que puedo hacer.
—Sí lo haces, se lo diré a Nadine.
Todos vieron como Lizard fruncía el ceño y obedecía.
—Ya entrenaremos juntos nuestras habilidades —le consoló Kirsten—. Estoy segura de que juntos podremos aprender mucho.
—¡Menudo calzonazos eres! —exclamó Xin divertido—. Con tal de no llevarte una bronca de tu mujercita accedes a todo lo que te digan. Me repito, un machote como tú es un calzonazos, ¿sabes lo que es? ¿Llevas el tiempo suficiente en la Tierra para entender lo que te estoy diciendo?
—Sí, dragoncito, lo entiendo, y también llevo en tu planeta el tiempo suficiente para decirte que eres un capullo.
—Eso no es nada nuevo. Me voy a buscar a Nathair, estará deseando saber que por un día estaremos libres de vuestro excesivo autocontrol.
Lizard y Clay intercambiaron miradas. Es cierto que Xin tenía razón; se habían vuelto muy protectores, pero tenían motivos para ello, aunque preferían guardar el secreto. Y mientras Xin iba a en busca de Nathair, Clay comenzó a hablar con Kun y Kirsten de todo lo necesario para tener bien atendidas a sus visitas, fueran las que fueran.


Una vez Xin se puso ropa más cómoda viajó a Lucilia tras saber que tanto Niara, como Aileen y el Ser´hi habían regresado al centro de estudio que se construyó meses atrás donde ahora vivían. Una vez allí descubrió que la ninfa y el Ser´hi no estaban; en compañía de Naevia habían viajado a Serguilia, a las cercanías del Bosque Azul, un lugar mágico que reponía la vitalidad de Aileen.
En cambio sí encontró a Niara; estaba en una sala circular, con el techo en forma de cúpula, acristalado, lleno de estantes con libros y pergaminos. Ella estaba en una mesa octogonal, centrada en la interpretación de un antiguo papiro hallado en la Tierra. A Xin le gustó observarla tan concentrada y como los rayos del sol se vertían sobre sus cabellos dorados. Si alguien había cambiado tras la lucha contra Shia, esa era Niara, quien se había fortalecido y cambiado su estilo de vestir al adquirir ropaje de estilo steampunk. Esa mañana vestía pantalones cortos, seguido de un corsé y camisa blanca. No fue cuando Niara alzó la vista cuando vio a Xin y su rostro se iluminó. El Dra´hi caminó hacia su amada y tras tomarla del mentón, la besó, para tomar asiento junto a ella. Minutos más tarde Niara manipulaba la carta entre sus manos con los recuerdos ya recuperados en su mente.
—Hemos conseguido convencer a Clay para que nos den un respiro. Además, Nick, Dilan, Jake y Krista vendrán; será agradable tener un encuentro con ellos donde poder divertirnos. Sobre si habrá más invitados, pues no lo sé, ya lo averiguaremos, pero ya sabes lo que dicen, mientras más mejor.
—Si algo necesitamos, es desconectar, lo de Shia ha sido un verdadero quebradero de cabeza —murmuró Niara mientras se masajeaba la nuca—. Daré la gran noticia a Nathair y Aileen cuando estén de vuelta.
Xin sonrió y se marchó. De regreso a casa no encontró ni a Kun o Kirsten e imaginó que habrían salido a correr juntos, si encontró a Clay, relajándose junto a Soo en el amplio salón viendo una película. Y tras saludarles subió al ático, el cual contaba con tres salas, siendo la suya la del medio. La había convertido en estudio de arte para el cual habían derribado la pared del fondo convirtiéndola en un gran ventanal que le permitía colar la luz.
En la sala tenía una mesa de dibujo, un sofá en el que descansar en ocasiones y una mesa con un ordenador. Tras ponerse los cascos y reproducir una lista de música, tomó asiento frente a la mesa de dibujo y se puso a trabajar. En conjunto con Clay creaban un gran bestiario de todas las criaturas existentes en Meira y las que ya habían desaparecido y él era el encargado de darles forma.
Llevaba horas centrado en su trabajo cuando una pequeña bombilla instalada en la mesa, se iluminó. Su concentración aumentaba gracias a la música, por la cual lograba evadirse, pero pillarlo desprevenido podía ser peligroso y causar daños, por lo que idearon esa técnica. La luz se encendía cuando alguien esperaba entrar.
Xin se quitó los cascos y dio la orden de entrada. Feliz vio a Nathair entrar, divertido y más risueño de lo habitual.
—¿Es verdad? ¿Contaremos con una noche completamente libre de control paternal? —preguntó casi en murmullos, con la alegría contenida.
—Así es.
—¡Genial! —exclamó Nathair a la vez que saltaba—. Quiero mucho a Naevia, también a Clay, pero me están agobiando un poco. Contaba con más libertado cuando estaba bajo el yugo de Juraknar. Bueno, te dejo trabajar, ¡nos vemos en la cena!
Xin lo vio marcharse y regresó a la tarea. Estaba trabajando en una ilustración de varios Deppho y sus habituales mazmorras cuando sintió que unos gélidos dedos se deslizaban por su nuca. Con la respiración entrecortada se quitó los cascos y miró tras de sí. No vio nada, no había nada, pero eso no lo calmaba.


Clay y Soo charlaban con Nathair, que se mostraba divertido por volver a encontrarse con Nicholas, en especial con Jake, a quien se unió bastante durante su viaje por Meira. En el fondo Clay sabía que lo que más le atraía del encuentro era la libertad con la que iban a contar. Admitía que tanto sus quejas, como las de los Dra´hi y Kirsten estaban corroboradas; era cierto que estaban muy pendientes de ellos, pero todo era por su bien.
Repentinamente el buen humor desapareció cuando escucharon cristales explotar en la planta superior. Apresurados corrieron arriba, descubriendo que tal escándalo provenía del estudio de Xin. Cuando abrieron la puerta observaron que los ventanales habían estallado en pedazos y estos volaban por toda la habitación, mientras que Xin permanecía en el centro, con los ojos completamente azules y la respiración acelerada.
Clay no comprendía qué le había pasado para que estuviera en tal estado, pero hizo explotar todos los cristales, liberando a Xin del peligro. Sigilosos caminó hacia él, contemplando algunos rasguños en su cara, y con cuidado posó las manos sobre sus hombros, logrando devolverlo a la realidad.
Más tarde descansaban en el salón.
—Lo siento mucho, Clay, pagaré los destrozos. Me pondré a trabajar… es que, te juro que sentí a alguien. Primero sentí unos dedos sobre mi nuca y después su mano sobre mi columna, pero no vi nada.
—Tranquilo, Xin y deja de preocuparte por los destrozos —añadió Clay tomando asiento junto a él con el botiquín entre sus manos—. Si busqué una casa tan aislada fue por estos motivos, todos nos podemos descontrolar en cualquier momento.
Tales palabras tranquilizaron a Xin, no en cambio a Clay que se reunió con Soo en la cocina. Ambos intuían que no iban a ser unas fiestas realmente tan tranquilas como esperaban.